





PhD. Rosa Isabel Moncada Gómez[1]
Galería silea 2025
La infancia como territorio de creación: Reflexión sobre el proyecto SILEA y la fuerza transformadora del arte en Pamplona
[1] Maestra en Artes plásticas, Especialista en Educación para la cultura, Especialista en Docencia universitaria, Especialista en Gestión de Proyectos, Magíster en Educación y Doctora en Ciencias sociales, niñez y juventud. Docente Titular del Programa Artes visuales de la Universidad de Pamplona. Coordinadora del Proyecto Silea.
Desde la perspectiva de la investigación en arte infantil, los procesos de creación plástica y visual en la niñez y la juventud constituyen una dimensión fundamental del desarrollo humano, afectivo, cognitivo y social. En la ciudad de Pamplona, el proyecto Semilleros Infantiles de Libre Expresión Artística —SILEA—, adscrito desde hace 18 años al programa de Artes Visuales de la Universidad de Pamplona, representa una apuesta sostenida por el arte como derecho, como lenguaje y como experiencia emancipadora. Su trayectoria, consolidada recientemente en la Galería SILEA 2025, pone en evidencia la vitalidad de las expresiones infantiles y juveniles como parte esencial del tejido cultural local.
El arte infantil: una cartografía de lo afectivo
El proyecto “Mi mundo afectivo” reúne dibujos, collages y pinturas creados por niños y niñas en un marco de libre expresión, sin restricciones temáticas ni técnicas impuestas. Lo que surge en estas producciones no es solamente el ejercicio de una habilidad manual, sino la manifestación de emociones, memorias, vínculos y deseos profundos. Estas obras, muchas veces caracterizadas por su espontaneidad y potencia simbólica, abren un espacio para leer la infancia como territorio de narrativas sensibles: allí donde las palabras no alcanzan, el color, la forma y el gesto del trazo se vuelven vehículo de comunicación con el mundo.
En este sentido, SILEA ha sabido comprender que el arte infantil no debe ser instrumentalizado ni corregido, sino acompañado, escuchado y puesto en valor. La inclusión de estas obras en la Galería SILEA 2025 marca un hito simbólico: por primera vez, muchas de estas expresiones afectivas salen del aula para ocupar un espacio expositivo legítimo, reivindicando a niños y niñas como agentes culturales activos.
El arte juvenil: técnica, pensamiento y proyección
A la par de los procesos infantiles, el proyecto ha fortalecido un campo de formación en dibujo artístico dirigido a jóvenes de diferentes instituciones educativas de Pamplona. Esta dimensión se enfoca no solo en la adquisición de destrezas técnicas, sino en el desarrollo de una mirada reflexiva sobre el entorno y sobre sí mismos. Dibujar, en este contexto, es pensar con imágenes, es observar críticamente la realidad y construir representaciones que revelan tanto el dominio del lenguaje plástico como la postura personal del joven artista frente a su mundo.
Los resultados de estos procesos formativos —presentados también en la Galería SILEA 2025— revelan la capacidad del arte para construir identidad, generar sentido de pertenencia y abrir horizontes vocacionales, especialmente en contextos donde las alternativas de expresión simbólica son limitadas. Al propiciar que estos jóvenes dialoguen entre sí, con los artistas en formación y con el público de la ciudad, SILEA no solo fortalece su desarrollo estético, sino también su integración social y su empoderamiento cultural.
SILEA como modelo de interacción social y construcción de ciudadanía
El valor del proyecto SILEA reside también en su dimensión comunitaria. Durante casi dos décadas ha establecido un puente entre la Universidad de Pamplona y diversos sectores sociales, articulando la formación artística con la investigación-creación y la interacción con la comunidad. En ese cruce, las prácticas artísticas se convierten en estrategias para fortalecer la autonomía, el pensamiento crítico y la sensibilidad colectiva.
La Galería SILEA 2025 es, entonces, mucho más que una exposición: es una declaración de principios. Al acoger las obras de niños, niñas y jóvenes como parte de un circuito cultural visible y respetado, se reconoce que el arte infantil y juvenil no es un ensayo de algo que vendrá después, sino una práctica legítima, presente y necesaria. Es una forma de estar en el mundo, de construir vínculos y de imaginar futuros posibles
Como investigadora del arte infantil, reconozco en SILEA un ejemplo significativo de cómo las artes plásticas y visuales pueden incidir en la transformación individual y social. Su acción sostenida en Pamplona demuestra que la creatividad no es un lujo, sino una necesidad; que la infancia no es un espacio de espera, sino de producción cultural activa; y que el arte, cuando se siembra con cuidado y se acompaña con ética, puede florecer en imágenes que nos enseñan a vernos, a reconocernos y a construirnos colectivamente.


